viernes, 9 de mayo de 2008

No llores por ese mar


No llores por ese mar. Si alguien te dice que en aquel espacio luminoso del origen quedan pocos árboles, que es ahora una extensión surcada por las pestilentes naves de la guerra y que su destrucción final es irreversible, no lo creas. Si aceptas esta desolación, este orden fundado en un cumulo de ruinas y vergüenza, también tú habrás muerto. Los altos troncos de las ceibas catedrales, el relámpago verde de los loros, la floración de los insectos minerales, las huellas del tigre, del tapir y del venado, los dioses inmortales de la creación, los cuentos del viejo Antonio, los pequeños hombres y mujeres verdaderos... todos seguirán allí mientras mantengas limpio el corazón.



(Antonio García de León)

1 comentario:

Atzin dijo...

Simplemente bellísimo.
Gracias por esas letras, querida Andrea, que marcan trascendencias.
M.